Ricardo Kaliman
Jubilado como Investigador Principal del Conicet y Profesor Titular de la UNT. Autor de “Toda vida y llena de alma. Cancionero del Pato Gentilini”
“Disculpen que yo les cuente/ cosas de hacheros/ cuando yo soy en el monte/ otro silencio”.
Así comienza (con letra de Manuel J. Castilla) la zamba “Ojos de tigre” de Luis Víctor Gentilini, el Pato, él mismo ahora otro gran silencio, desde el que lo seguimos escuchando. Para él, el silencio era un componente esencial de la música: el silencio que permite escuchar y encontrarnos en esa escucha, pero también el silencio del que hablaba Miles Davis cuando decía que “la música no se trata tanto de las notas que tocas, como de las que no tocas”. Ese amague, esa sugerencia, esa plenitud que nuestra emoción adivina, fue uno de los sellos interpretativos del Pato en el piano, la guitarra o en los arreglos para las innumerables formaciones vocales o instrumentes que creó y condujo a lo largo de su vida.
Con el viaje del Pato al silencio, podríamos decir que se cierra simbólicamente el periplo de toda una generación del folklore tucumano (y argentino), la que protagonizó el momento emblemático en el que alcanzó su máxima difusión a lo largo y ancho de la sociedad. Cuando Gentilini llega desde su Catamarca natal a estudiar en Tucumán, en 1950, va a encontrarse aquí con un espacio que lo acoge y lo alienta para su proyecto creador, nutrido al mismo tiempo de dos fuentes principales: la tradición del folklore de su tierra, que conoce profundamente (en un grado excepcional, como lo señalara Juan Falú); y lenguajes musicales modernos, como el jazz y el impresionismo, aptos para machimbrarse (como diría Rolando Valladares, uno de sus primeros entrañables amigos tucumanos) con el folklore tradicional. Estas líneas son el sustento estético de ese momento de expansión del folklore y le permiten entonces asumir una participación activa en ese devenir. No falta mucho para que funde el grupo vocal Huayna Sumaj, reconocido como uno de los primeros (otra aguda observación de Juan Falú, ahora en clave de cierto embanderamiento contra las exclusividades porteñistas) en presentar ese lenguaje, entonces revolucionario, en la música coral.
“Pato” Gentilini, el arquitecto musical del noroeste que eligió despedirse con una milongaEs notable que el creciente reconocimiento y luego magisterio del Pato va emergiendo y cobrando cuerpo de a poco, silenciosamente, lejos de los circuitos de publicidad masiva que no han cesado de crecer. Fue siempre reacio a la dinámica masificadora del festival y adversario por convicción de la industria cultural (“Trabajo para comer, hago música para vivir”, solía decir). Su única presentación en Cosquín, en 1981, fue para homenajear a su entrañable amigo Lucho Díaz, autor -entre muchas otras de sus canciones- de la letra de la “Zamba para los amigos de la noche”, premiada en ese festival. Precisamente esos “amigos de la noche”, esas tertulias hechas de compañerismo y en la que fluyen lenta y profundamente las emociones, son el verdadero canal por el que navegó la obra -y la vida- del Pato Gentilini, con el apoyo permanente de la compañera de su vida, Gloria Zjawin.
Un responso por milonga para el adiós del "Pato" GentiliniEn medio del silencio, tenemos -para seguir escuchando- sus canciones. En 2010, la Editorial de la UNT publicó su cancionero con más de un centenar de letras y partituras, muchas de las cuales andan por el mundo, grabadas por artistas de tanto prestigio como Mercedes Sosa y Buenos Aires 8, y más adelante Melania Pérez y Lorena Astudillo. Él mismo, con sus agrupaciones, grabó la obra integral “Jesucristo año 2000”, con letra de José Augusto Moreno, y varias otras de sus canciones -y las de sus amigos tucumanos- con su última formación, Matamba, con la voz de Viviana Taberna. Están en las redes hoy en día la agradecida antología (de 2000) “Lucho Hoyos canta al Pato Gentilini” y, más recientemente, el espléndido Proyecto Pato, ideado e interpretado magníficamente por Nadia Larcher, una andalgalense que, en medio de su brillante carrera, se hizo el tiempo para rendir homenaje y darle cauce a la obra de su comprovinciano.
El "Pato" Gentilini: “Nunca me he casado con la idea de morirme y vivo plenamente los 90 años”En la citada zamba “Ojos de tigre”, que dio incluso lugar a un manifiesto artístico y político liderado por Topo Bejarano, decía también Manuel Castilla: “Arriba están las estrellas,/ bulla del cielo./ Abajo yo estoy mirando/ la flor del fuego”.
Al apagarse de a poco las últimas brasas de una vida intensa, nos gana el recuerdo y la vivencia permanente de la flor del fuego de Luis Víctor Gentilini, el Pato.